La dificultad del cambio

La idea de cambiar es continua y afín al ser humano. Buscamos a través de la terapia, cursos de crecimiento personal, leemos los cuentos taoístas, viajamos al Tíbet, a la India, creemos que el cambio es que venga alguien a cambiarnos. La mayoría de buscadores esperan que alguien les solucione los conflictos. Normalmente, pretender que alguien externo a nosotros, resuelva nuestros conflictos internos, es una idea al menos rocambolesca.

Primera condición para prosperar a nivel psíquico: darse cuenta de cómo gestionamos las emociones, sin esperar del terapeuta más que su labor de facilitador, guía y acompañante.

Segunda condición importante: Ningún problema puede ser resulto, en el mismo nivel de conciencia en el que se creó, haremos un círculo recurrente.

Existen seis niveles de Conciencia, a los cuales atender:

  1. Ambiente
  2. Conductas
  3. Capacidades
  4. Creencias
  5. Identidad
  6. Espiritualidad

Si nos limitamos a enfocar desde el mismo nivel, por ejemplo, en el nivel de conductas por un conflicto de relaciones o forma de comunicarse con los demás en un paciente, difícilmente resolveremos el problema, ya que la alteración en este nivel es un síntoma indicativo de que existe un nivel superior desequilibrado, que puede ser creencias o identidad. Ahí es donde debemos de buscar la solución. Si logramos conectar con el nivel de más rango, como es el espiritual, daremos luz y aportaremos soluciones resolutivas a los niveles inferiores.

La identificación de cualquier persona con su verdadera esencia y dimensión espiritual, nos ayuda al cambio como algo normal en la vida.

 

De donde venimos.

La historia documentada sobre Nur-Ninsubur, un escriba de la antigua ciudad de Ur, seguramente la ciudad más adelantada de su época con permiso de los Olmecas y egipcios. Un caldeo, como Abraham, el que selló la alianza con Dios.

Vamos a imaginarnos en la ciudad de Ur, observad los magos y alcahuetas en charla animada, los comerciantes con su género recién llegado, los ladrones prestos para el saqueo, las caravanas polvorientas, los filósofos y los eruditos tanto de la ley como de la religión en profundas elucubraciones ajenos al ajetreo, salvo cuando aparecían, las bellas prostitutas de Babilonia y Nippur, el olor fresco de las especias, y ese dulzor de los inciensos, hacían del mercado de Ur un lugar cálido, sin embargo la atmosfera y el polvo eran asfixiantes.

Cada nuevo amanecer, buscadores esforzados de los peligros que el destino nos tiene reservados, hacían su entrada en la magnífica Ur, llegados de todos los lugares de Mesopotamia.

En cambio, Nur-ninsubur, estaba con sus tablillas de barro, marcando los signos cuneiformes, es decir aplicando la tecnología de la época y su forma de crear un sistema valido y comprensible, intentado descubrir la forma de los trazos cuneiformes que hasta la fecha nadie conocía. Había nacido el almacenamiento de información en tablillas de barro. Audaz e ingenioso. En aquella época este cambio en su visión le hizo merecedor de la amistad de la corte, hasta el propio Rey le estimaba como un consejero necesario para controlar su reino, incluso los soldados tenían que estar en ocasiones a su servicio, no solo protegiéndole, además debían acatar ciertas órdenes que solo Nur-Ninsubur podía disponer.

Reconocido como parte fundamental del sistema, a partir de ese día todo lo que almacenó en las tablillas, se quedó de forma perenne grabado: los textos sagrados, las leyes redactadas y aprobadas, la recolección de las cosechas, la manumisión (liberación) de los esclavos, las cantidades exactas de las mercancías de las caravanas comerciales, el granero real, las hazañas de los reyes, hasta la marca del propio Nur-Ninsubur, quién llego a convertirse en imprescindible para el desarrollo de Sumeria. Con este mismo contexto queremos desde Ninsubur gestionar el aprendizaje para que sea perenne, además de una realidad estable.