Los signos del iris

Con la apreciación de los signos del iris, se podría decir que, a partir de las localizaciones de cada sector del iris, podemos evaluar entre un 40% y un 50% del diagnóstico, dejando el resto para los síntomas generales. Vamos a observar el iris como si fuera la esfera de un reloj, para poder localizar los signos a la hora hipotética en la que los encontramos. Es la forma más habitual de trabajo, dividiendo los sectores en mapas horarios por su simpleza para evitar confusiones.

La corona del iris está formada por un círculo que rodea el iris, anatómicamente recibe el nombre de ángulo de Fuchs y se sitúa a un tercio de la pupila y dos tercios de la esclerótica. La corona nerviosa autónoma la solemos llamar “collarete” en ella están representados el parasimpático, el estómago, los intestinos delgado y grueso, así como, en su reborde externo la proyección simpática. Representa el nexo de unión o la relación que hay entre el sistema digestivo y el resto del cuerpo.

Podemos observar desde el clásico signo de gastritis crónica hasta el prolapso del colon transverso con gran abundancia de gases intestinales. La corona nerviosa autónoma dilatada nos muestra un estado de hipotonía o hipertonía parasimpática y una zona digestiva dilatada. Por el contrario, la contracción de la corona indica estrechamiento de la zona digestiva y/o disminución del tono simpático.

Los signos estructurales, llamados así pues afectan a la estructura del tejido del iris, nos indican una debilidad de la función orgánica. Por ejemplo, las lagunas cerradas tienen mejor diagnóstico, pues tienen pocas posibilidades de extensión a órganos adyacentes, que las lagunas abiertas que indican una potencial debilidad del sector órganico que puede llegar a agravarse. Un grupo de lagunas sobre la corona del iris nos estaría hablando de signos de divertículos intestinales.

Es bueno recordar que, el iris no nos da nombres de enfermedades, sino sólo las tendencias y predisposiciones.

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La niebla del camino

Es de ilusos pensar que cuando se inicia una nueva dirección, siendo consciente del camino, el camino va estar siempre despejado y soleado. Al contario, mientras avanzamos encontramos un abanico de posibilidades. Entre estas posibilidades están los días preciosos y dinámicos, los grises y cerrados, días de un viento idiota, de escarcha y días…de niebla.

El impacto de la niebla sobre cada caminantes es dispar. La falta de sentido en la vida nos hace pensar que no somos más que esa materia sin sentido. Cada ser enfrenta la niebla de diversas maneras. El miedo al frío o al abandono, a la incertidumbre, a perderse en su espesura, hará dar marcha atrás a muchos, otros decidirán esperar a que pase la niebla o buscarán una solución cómoda, otro grupo, quizás el menos numeroso se adentrará en la niebla con la valentía del que quiere llegar a su meta. Aparecerán las dificultades, pero eso no impedirá caminar hacia ellas para superarlas y promover un amanecer sin tinieblas, ni temores.

La niebla en el camino es tan necesaria como la leche materna para los recién nacidos. Enfocar nuestra existencia en la dirección justa, significa pasar a través de la niebla, pero en esta ocasión, con la decisión del caminante de hacer frente  a su propio inconsciente y al riesgo que implica sentir con ecuanimidad.

El valor es la capacidad de desprendernos de lo que nos resulta familiar, para avanzar dentro de la niebla con determinación.

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La densidad del iris

La densidad del iris representa uno de los aspectos generales que más hemos de observar en la iridología. Esta densidad expresa el estado y la textura del iris, para reconocer el tejido que forma el iris y su homogeneidad, es decir, su fortaleza. Cuando aparece una constitución débil en el iris, las fibras que forman el estroma se muestran más laxas, formando grandes lagunas, criptas y desgarramientos del tejido.

El estroma es el entramado que forma el órgano, son sus componentes fibrilares y sustancia fundamental. Por tanto, el estroma es tejido conjuntivo, es un tejido de sostén o soporte que cumple la función específica de ese órgano, es este caso, el órgano de la visión, el ojo. Al interpretar a nivel general todos estos signos, sin detenernos a observar si pertenecen a esta alteración o zona correspondiente en el mapa del iris, podemos constatar en que estado se encuentra en este mismo instante, la vitalidad, la resistencia o la capacidad de recuperación de esa persona.

Un sistema inmunitario fuerte, con capacidad de recuperación suele mostrar un iris de textura fina, sin apenas anomalías en su estroma. En cambio, los iris desgastados y con abundante cantidad de agujeros y lagunas, nos pueden estar señalando la tendencia a ciertas alteraciones que están camino de formarse.

De todos modos, en la experiencia clínica un iris muy erosionado no tiene que relacionarse con una constitución deteriorada, ya que puede tratarse de una debilidad congénita del tejido conjuntivo. Al igual que las coloraciones indican toxicidad en los tejidos, por ejemplo, a nivel digestivo, también tienen que ver con las tendencias heredadas de nuestros ancestros.

Aunque los distintos autores clasifican el iris en series diferentes según su laxitud, la forma más habitual son las 5 densidades, entendiendo la primera, como la más compacta y con alto poder de recuperación ante la enfermedad, hasta llegar a la quinta, como la que presenta una estructura con múltiples irregularidades y un poder de restablecimiento ante la enfermedad menor.

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Deficiencia Qi de Hígado

En el mismo momento que aparece una deficiencia de Qi de hígado, van a surgir en torno a él, una serie de movimientos orgánicos. Una alteración emocional, llámese separación, unido a un descenso de la energía hepática y la falta de cuidado del hígado, hacen que aparezca una deficiencia de Qi de Hígado. Surgiendo con el tiempo una cascada de posibilidades. Tiene como síntomas más habituales, la tendencia a la depresión, campo psíquico inestable, insomnio, distensión en los costados, ojos cansados, suspiros, lengua pálida, pulso lento y profundo, entre otros.

Según la teoría de los 5 elementos:

  1. La Madera deficiente no captará la nutrición del Agua.
  2. Enviará escasa nutrición al Fuego.
  3. Ejercerá poco control sobre la Tierra.

Pudiendo incluso ser menospreciada por la Tierra, con lo que aparecerían alteraciones digestivas.

¿Qué sucederá con el elemento Agua, en una deficiencia de Yang de Riñón?

Es decir, una sintomatología con lumbalgias, sensación de frío en rodillas y espalda, cansancio, impotencia, orina abundante y clara, lengua pálida, pulso lento, débil y profundo, entre otros.

Según la pentacoordinación:

  1. El Agua deficiente no recibirá la nutrición del Metal.
  2. El Agua dirigirá escasa nutrición a la Madera.
  3. Efectuará poco control sobre el Fuego.

Llegando incluso a ser menospreciada por el Fuego, con lo cual se manifestarán alteraciones cardiacas.

¿Sabéis lo qué sucedería con el elemento Metal…?

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