Cómo aceptar la sombra

La idea de que todos somos iguales nos viene grande. ¿Cómo voy a ser Yo, igual que fulanita o menganito? ¡Venga ya! si es un imbecil o una friki de tomo y lomo. Bien. Iniciamos acercamiento a la sombra, parte de nuestra psique que nos cuesta entender y nos resistimos con más fuerza de lo debido a su comprensión.

Vayan unos ejemplos. Cuando uno de nosotros tenemos un impulso, véase, un enfado, un deseo, estar obligada, limpiar el trastero, el que sea, tenemos dos opciones, generarlo como ego sano y estable o proyectarlo desde nuestra persona, hacia afuera, aquí tenemos la proyeción de la sombra. Una vez proyectada, siento mi sombra como síntoma, mi sombra se convierte en mi síntoma. Comienza el juego psíquico, alguien siente una emoción de inferioridad y rechazo, que rapidamente genera presión, es decir, un síntoma de agobio, angustia, ansiedad, malestar, miedo, en lugar de gestionar esa emoción y su síntoma, lo proyecto, lo convierto en mi sombra, pues estoy negando mis propias tendencias y la aversión que siento es cada vez mayor. La persona que siente el rechazo es totalmente inconsciente de sus propias tendencias a rechazar.

Esta alegoria está representada en que cada persona tiene su propia máscara.

Una persona tiene la sensación de que todo el mundo la está mirando, pues recibe un premio, tiene que intervenir en una conferencia, representar una obra de teatro, en vez de mirar activamente y disfrutar del momento, proyecta ese síntoma que es su sombra y se siente inmovilizada, sin palabras, sin saber como actuar. El día que se comporte con normalidad y demostrando que también sabe mirar y dirigir sin tensión lo que manifiesta, se habrá librado de su síntoma y su sombra. La parte más interesante es aceptar como soy, sin rodeos, ni sombras, ni adornos, ¡Se acabó ocultar mis síntomas!

Cuando me resisto a mi sombra, me resisto a los aspectos de mí mismo que me disgustan, y por tanto, los proyecto.

Los dirijo hacia los demás, sin darse cuenta que, la dirección es entender que por más incómodos que sean nuestros síntomas, no hay que rechazarlos, ni evitarlos, pues contienen la clave de nuestra solución. Dejar de luchar con un síntoma es acabar con la pelea con la sombra. Cartografiar el alma, de manera que los opuestos viejos enemigos, se conviertan en aliados.