El Miedo

No hay camino para vencer al miedo, el miedo es el propio camino. Hay que enfrentarlo, mirarlo a la cara y con la valentía del que lo ha sentido en su propia carne. Rebelarse contra él, es liberarnos de él.

Toma múltiples formas: a la autoridad, al rechazo, al abandono, al padre, a las emociones, a perder lo que poseemos, a la muerte. La superación consiste en no huir de las emociones desagradables, detenerse a contemplarlas sin temor. Tenemos que sumirnos en la propia experiencia y entregarnos a la integridad. Alentar nuestros auténticos deseos, lo que nos interesa y necesitamos como una acción concluyente.

Integrar nuestros aspectos rechazados, liberarnos del policía interior y vivir en la seguridad de nuestro sosiego. Para sanar el miedo hay que atreverse a afrontar los sentimientos, ya que nos paraliza, nos impide ver quién somos en realidad y demostrar lo que valemos.

Madurar es perderlo.

Desde la visión de la Medicina Tradicional China, el miedo se aloja en los riñones y la vejiga, de ahí la expresión: ” Mearse de …”. Hay otra expresión más contundente: ¡Está cagado de …! En definitiva, suelta los esfínteres de forma instantánea. Trabajar sobre nuestra salud emocional, abriendo el pecho para dejar entrar la confianza en uno mismo.

El miedo sólo sirve para entender que lo perderemos todo y que no pasa nada. Saber que tu eres el miedo, aleja todos los miedos para siempre.

 

La ira

Desde que la ira se alojó en el corazón de los bíblicos hermanos Caín y Abel, hasta nuestros días donde parece ser un denominador común de muchos estamentos, la ira ha venido acampando a sus anchas y ante un hecho que nos disguste, se dispara hasta proporciones mastodónticas. Se puede asegurar con poco margen de error que la ira, la rabia, aparte de un pecado capital, es una de las emociones más enquistadas en el inconsciente colectivo del ser humano.

La ira es capaz de hacernos creer que el otro es una amenaza, es diferente, y por tanto, hay que anularlo. Muchas pasiones acaban en la ira, haciéndonos obrar de forma poco estable y lógica.

El comportamiento de la ira, está unido de forma íntima a la sombra, es decir, esa parte  de la personalidad inconsciente que representa atributos desconocidos o poco conocidos del ego. En algunas acasiones, al nos damos cuenta de nuestra sombra, nos avergüenzan esos impulsos, que muchas veces hemos negado de nosostros mismos.

Si observamos la ira desde la mirada oriental, es una emoción generada por el hígado y la vesícula biliar, cuando  no se encuentran en armonía. La ira asciente hacia la cabeza, pero sobre todo nos hace hervir nuestro agua interno, hasta situaciones de una violencia extrema. Basta que alguien de nuestro entorno no sea como nosotros deseamos para excluirlo y denigrarlo. Se nos calienta la sangre, la expresión popular es clara: “Me estás poniendo del hígado”, al tiempo que las facciones se enrojecen y el rictus se contrae.

La ira es quizás el peor consejero que podemos elegir.

Una buena manera de alejar la ira de nuestro entorno es poner el foco en la templanza,  en compartir lo que somos , en darnos cuenta que no necesitamos la tensión que produce la ira. El equilibrio del hígado está también en alegrarnos del éxito ajeno, y si es posible aprender de él. Sólo los mediocres se alegran de la desgracia ajena, sin entender que esta accción les resta energía.

El ingenioso refranero español nos revela: “Vivirás dulce vida, si aplacas tu ira”.

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El maestro Lin-Chi

Alrededor del año 847 de nuestra era, en la ciudad china de Chen-Chuo, la actual Chen-Ting, en la provincia de Hopeh, vivía el maestro Zen Lin-Chi. Una mañana, como en los últimos días en el Monasterio sobre el Vado, al lado del río Hu-to, el sabio dejaba las puertas abiertas a monjes que buscaban la Vía y algunos laicos que gustaban del conocimiento. Cada uno podía preguntar lo que se le antojara, dudas existenciales, formas de emprender el camino, como iniciar el cambio…

Uno de los laicos, se presentó al grupo, dijo venir del Sur del Yangtze y comenzó a hablar.

-Maestro Lin-Chi ¿Cómo puedo serenar mis pensamientos e impedir su nacimiento adulador?. Se oyó la voz de Lin-Chi,  agitarse junto a su bastón.

-¿Acaso conoces la doctrina del vacío, de la no-dualidad?. Desgraciado burro que come alubias negras. El estruendo de las carcajadas fue multitudinario, hasta los perros ladraban de risa. El hombre en actitud de respeto se volvío a Lin-Chi y dijo:

-Las escrituras del Budismo temprano, la escuela Hinayama representa el estado absoluto del Buda como algo imposible de alcanzar. El Dharma es complejo y obtuso.

La respuesta llegó con un grito:

Me has cansado sucio terco del Sur, tal vez tengas datos de lo comprensible, mas el Zen carece de límites, tal vez quieres probar 30 golpes de mi bastón. 

-Con mucho gusto maestro. Me siento bien, no estoy cansado. Hoy es mi día. El atrevido intruso se dirigió hacia el maestro y se mantuvo escuchando.

-Deja de arrastrar un cadaver y mueve el mundo, sino llegará el día en que tengas que pagar por usar sandalias de paja. ¿Quieres saber lo que eres?. Eres una ilusión, un fantasma, una flor seca…¿Porqué pierdes el tiempo intentando atrapar cosas mundanas?. Ganar, perder, correcto, incorrecto, mejor, peor. ¡Elimínalos de golpe! Sé lo que nunca has sido…¡Libérate de todo! Sé vacio.

Lin-Chi continuó:

-El Mahayama, tiene muy claro que todos los seres son parte de una misma unidad, interconectados para compartir sus identidades. La misma identidad, la misma unidad, el mismo vacío, la misma quietud…Vé a tu lugar de origen…¡Cuéntales que dejaste de rebuznar!

-Me identifico contigo maestro- apostilló- este debe ser mi lugar de origen y aquí me tengo que quedar.

Lin-Chi descendió presto y dándole tres bastonazos, le observó. Seguro que se te ha mostrado la Vía, pues ven conmigo a disfrutarla. Se fueron andando juntos, serenos, contentos. Qué importa lo que tengas o lo que seas, si pertenecemos a una misma identidad, aún le seguía recriminando, pero ahora como a un viejo conocido.

Pasados los años, se convertiría en su directo sucesor y fiel discípulo, pero eso es otra historia.

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Todo comienza con las emociones

A lo largo de la historia siempre hubo personas, que no asimilaron como ciertas las creencias de la época. Se dedicaron a indagar en nuestras reacciones emocionales tanto conscientes como inconscientes. Se dedicaron a observar más allá de las acciones, de los pensamientos y de las ideas. Comenzaron a ver desde los ojos de las emociones.

Todos podemos ver, y sin embargo elegimos no recordar lo que vemos.

Hasta que alguien se centró en el cerebro emocional, en el cuerpo en lugar del lenguaje. Observaron que en el centro del cerebro se encuentra un cerebro emocional. Una construcción distinta del resto del neocortex, es decir, de la parte que es sede del pensamiento y el lenguaje. Este cerebro influye todo lo que rige el bienestar emocional, también aspectos sobre el funcionamiento del corazón, la tensión arterial, las hormonas, el sistema digestivo e incluso el inmunitario.

Las alteraciones emocionales y las experiencias que nacen de ellas, acostumbran a controlar nuestras percepciones y comportamiento, a veces durante casi toda la vida. La reprogramación del cerebro emocional para que se adapte al presente, en lugar de seguir reaccionando a situaciones del pasado, es la clave primordial para generar ecuanimidad y sosiego.

El cerebro emocional mantiene y posee mecanismos naturales, capacidades innatas que recuperan el equilibrio, igual que otros mecanismos autocurativos, como la cicatrización o combatir una infección.

Una herramienta sencilla son los movimientos oculares de desensibilización y reprocesamiento, más conocido por el acrónimo en inglés EMDR, es un método interesante de trabajo para conseguir nuestro objetivo de estabilidad. La coherencia cardiaca, o sea, darnos cuenta de la relación entre las neuronas de nuestro cerebro y de nuestro corazón, está entre los mejores relajadores internos para conseguir esa equidad que todos llevamos dentro.

 

Un imperio estable

Dentro de la economía energética en medicina tradicional china, los órganos y vísceras representan un conjunto social. La energía se distribuye a través de vías principales y múltiples senderos secundarios hacia zonas profundas, haciendo que circule junto con la sangre y sus nutrientes, dentro de estos caminos hay también vias extraordinarias y distintas. Esta homeostasis interna asegura el mantenimiento de un flujo constante de vida.

El corazón, que es el emperador y su lugarteniente el pericardio en su residencia central, representan el fuego y sostienen el equilibrio tanto hacia la cabeza, las tierras altas como hacia los territorios inferiores. De ahí el gesto ritual de colocar las manos en actitud de saludo a la altura del corazón en un acto de reverencia inclinando la cabeza. Pues aquí tenemos el refugio del Shen, es decir, la coherencia cardiaca entre emoción y pensamiento.

Sus ministros y consejeros reales los riñones, representan el agua, único elemento capaz de sofocar el fuego, se sitúan en la parte inferior guardando la esencia vital y los complejos sistemas de filtrado y purificación en su acción sobre la sangre y la energía. Son los prudentes aliados de los gobernantes, estabilizando a los dos.

El hígado y la vesícula biliar representan la madera, la decisión, garantizan la circulación de las mercancias por todo el territorio, sin que haya sobresaltos con los ladrones de Qi y la estabilidad se garantice, son los ejercitos impidiendo estancamientos e impartiendo equidad, deben ser imparciales para no desencadenar la ira y la cólera.

De ahí que estén bajo la supervisión de los pulmones, el metal, la sabiduria de la filosofía para el buen gobierno, taciturnos observadores y maestros del Qi. Recogen el Qi puro del aire y lo reúnen con el Qi nutritivo de los alimentos para formar el ZongQi, el Qi pectoral fundamental para la buena marcha del imperio, es decir, un pueblo con gente que respira ilustración, libertad y esté bien alimentado.

Esta parte es representada por la tierra, el bazo y el estómago, trabajan con alegría, producen con abundancia y apenas hay altercados, pues todos están contentos con su situación, formando una sociedad fructífera. Este sería el estado ideal de los 5 elementos, con una clase gobernante que cuida de su imperio y de los intereses de su pueblo.

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Aprendiendo del Tao

El Confucionismo dirige, la tarea socialmente necesaria de obligar a la espontánea originalidad de la vida a adoptar las rígidas reglas de la convención, tarea que implica no sólo conflictos y dolor sino la pérdida de esa peculiar naturalidad que torna tan graciosos a los niños pequeños y a los ancianos. La función del Taoismo consiste en reparar el inevitable daño de esta disciplina, no sólo para restaurarlo sino también desarrollar la espontaneidad original, es decir, la cualidad de ser uno mismo.

El Taoismo es un camino de liberación, sin estridencias. No nos liberamos de las convenciones por quitarles importancia, sino evitando caer en sus invenciones. Tenemos que ser capaces de observarlas y utilizarlas para nuestra evolución y progreso.“Ser nuestra propia espiritualidad”

Aprender consiste en acumular conocimientos día a día, la práctica del Tao en reducirlos día a día, seguir reduciendo y reduciendo hasta alcanzar el estado del No-Hacer.

¿Qué significado tiene esto?. Crear la visualización de la acción sin mover un dedo, creando un foco. Poner la mente en una firme decisión, y todo lo demás se nos va formando, el universo entero conspira con una mente despierta.

Así vamos haciendo sin hacer, generando sin generar nuestra sabiduría futura.

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La salud emocional

La salud emocional son las raíces, que nutren los frutos y el medio para cualquier fin en la vida.

Para permitirte este estado saludable contigo mismo y que de aquí surja el éxito, después de muchos fracasos, la confianza después de muchos recelos y el equilibrio después del desequilibrio, has de recorrer un camino.

El camino hacia la salud emocional es lo que cuenta realmente, no el obsesivo objetivo final, sino mantener un nivel estable en la existencia. Una de las maneras de iniciar esta marcha hacia la salud emocional: ” La transformación comienza con un centramiento o focalización de la mente”. Centrar la mente es importante como dejar de vivir en tu mundo irreal.            Existen varios niveles:

1ºFísico.

2º Mental.

3º Emocional.

4º Espiritual.

Un ejemplo, que es más visible. Si tú observas, conoces y diriges tus pensamientos (campo mental),  tus emociones se encaminan hacia la dirección que quieres (campo emocional), por tanto generas una acción hacia esa meta (campo físico), que a su vez es una necesitad fundamental para tí  (campo espiritual), sólo entonces, tu esencia se siente identificada con lo que haces.

Lo inconsciente que gobierna tu camino, se va haciendo consciente y vivido con sentido.

 

Varanasi

Cae la tarde sobre Varanasi, también conocida como Benarés, un enclave sagrado en el noreste de la India. Ajustándose a la ciudad como un cinturón, el Ganges, río mítico que descendio del cielo para alegría de los Hindúes.

En este lugar fueron arrojadas las cenizas del Mahatma Gandhi, después de los tres secos trallazos de la sinrazón que acabaron con su vida.

Un grupo de grullas multicolor observa a tres delgados y morenos Sadhus que, comienzan un ritual frente a un gigantesco fosfeno en el horizonte, llevan pintadas tres rayas de ceniza en su frente, para encarnar los tres aspectos de Shiva en su búsqueda eterna y asceta, aniquilar las tres impurezas (egoismo, acción con deseo y la ilusión). Dedican la mayor parte de su tiempo a la meditación, miran fijamente al sol cuando comienza a descender y se balancean, es un momento mágico. A simple vista no hay nada especial en este trio de santones hindúes, salvo que buscan la luz, ondas de luz continuas y auténticas que se reflejan en la pineal, como un colorido objeto que les sosiega y les revela, lo que anhelan. Los fosfenos son tán antiguos como el mundo que observamos.

Ellos se olvidan de los conflictos, problemas, enfermedades… simplemente se balancean en este momento supremo de paz y de goce. Este momento presente y perpetuo, encienden la mente de forma extraordinaria, para activar sin saberlo una cantidad de neuropéptidos, estimulantes del hemisferio derecho, del sistema parasimpático, de las ondas cerebrales en coherencia cardiaca, es decir, pensar y sentir al mismo tiempo en armonía. La luz es la energía básica del ser, con ella nos afianzamos, al igual que la oscuridad nos intimida y nos hace dudar de nuestros pasos.

Los tres alargados huesudos expanden sus conciencias, con un sutil balanceo rítmico e interminable, mientras, el grupo multicolor de grullas ha desaparecido.

En Occidente, al mismo tiempo, se secuestran almas en pos del Bienestar.

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EL PODER ANTIOXIDANTE

Las proantocianidinas, son excelentes flavonoides del grupo de los polifenoles. Las encontramos principalmente en los extratos de corteza de pino y semilla de uva. Las cantidades rondan el 95% de proantocianidina A en la semilla de la uva y un 85% en la corteza de pino, siendo su capacidad antioxidante superior a la vitamina C y mucho mayor al de la vitamina E.

El beneficio para prevenir  determinadas patologías radica en su capacidad sinérgica junto a otros polifenoles. Véase una muestra de un supremo coctel antioxidante de: Proantocianidinas A y B de extracto semilla de uva y corteza de pino,  junto a un grupo de polifenoles como el té verde, la hesperidina, la rutina, los frutos del mirtilo, de la grosella, del arándano, y finalmente los ginkgoflavonoides del ginkgo Biloba.

Este amplio grupo natural es capaz de soportar la oxidación general de las células, neutralizando los radicales libres. Este grupo de nutrientes  inhibe  la producción de lipooxigenada, una enzima que convierte el ácido araquidónico en leucotrienos, es decir, agentes de los procesos inflamatorios y alérgicos, reduciendo también la histamina. Nos mantedrá el colágeno en buen estado tanto a nivel muscular como conectivo y será un excelente ayudante en la antioxidación del ojo, evitando cataratas y retinopatías.

El otoño suele ser una época propicia para complementar con una nutrición de calidad, debido a la gran cantidad de antioxidantes que podemos encontrar de forma natural.

 

El cerebro emocional

Cuando un animal aprende a tener miedo a algo, la huella se forma directamente en el cerebro emocional. Si aplicamos estos resultados a los seres humanos que hayan sufrido un trauma. o un estado de estrés postraumático, se empieza a comprender como pueden permanecer durante años las cicatrices en el cerebro emocional, aunque la parte cognitiva las entienda, es decir, aunque de forma razonable creamos que ya no estamos expuestos a ese peligro o trauma.

Las emociones traumáticas pueden estar dispuestas a reactivarse en el momento menos esperado.

Es como si el cerebro emocional, estuviera viendo la fotografía de la acción que provocó el trauma, en lugar de ser digerida, la información de ese estrés postraumático permanece bloqueada en nuestro sistema, grabada de forma contínua. Así las imágenes, pensamientos, sonidos, olores, emociones, sensaciones corporales, y las convicciones que se extraen sobre uno mismo, los mandatos, es decir, el abandono o nunca seré feliz, o no merezco esto o aquello, se almacenan en una red de neuronas que cuentan con vida e independencia propia.

Anclado en el cerebro emocional, desconectado del conocimiento racional, este sistema se convierte en un paquete de información no tratada y disfuncional que el menor recuerdo del traumatismo emocional se puede reactivar.

La cicatriz del dolor, la pérdida de un ser querido, un accidente grave, crea una desconexión entre nuestro cerebro emocional y nuestro corazón, como la duda en la encrucijada de un camino, llevándonos a un desequilibrio peligroso. La integración de estos circuitos y redes neuronales nos devuelve de nuevo a un equilibrio que no siempre es fácil ni rápido. Lo esencial resulta invisible para los ojos, no se ve bien si no es con el corazón.

La confianza real en lo que somos y sentimos, nos volverá a unir a un sistema integrado donde el cerebro emocional y el cognitivo nos darán las posibilidades ciertas de lo que vamos a crear.

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