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EL Zen

El Zen, no se trata de una imposición, no enseña, sólo sugiere para que nuestra mente emprenda. Siempre me he sentido atraído por la idea, de una religión sin límites. La vida de cada día es zen. Unos lo ven y otros no lo ven.

No es importante tener, sino ser. Nuestra riqueza es poco conocida por los demás y nos lleva a una pobreza sino la compartimos.

Lograr una calma espiritual, es un camino que nos conduce a la paz de espíritu, así cualquier reto se puede enfrentar con más lucidez y conciencia.

El zen consigue que la mente y el cuerpo dejen de ser opuestos y se conviertan en semejantes. Emisores de ondas estables.

Lo que trasciende el pensamiento, es no pensar. Primero entiende que eres nada, después puedes actuar.

Esta disciplina de la iluminación no se deja llevar por la metafísica, ni recitan mantras. La espiritualidad tiene como base lo cotidiano, lo sencillo, que cada acción sea una forma de trascender la parte personal y conectar de forma decidida con lo transpersonal.

Sin obtener nada, no detestes lo que piensas, no lo mantengas. Deja lo preconcebido, sé tu mismo sin añadir nada especial. Libre, deja de albergar, encuentra la espiritualidad, ya naciste así.

No me buscarías, sino me hubieras encontrado ya.

Recibe, pero no mantiene, ni conserva sus pensamientos, ni guarda sus emociones como una cárcel diaria.

Emoción y motivación

El sosiego es serenar el ego, un estado que nos mantiene estables, en este caminar, que es el vivir. La conciencia en el momento presente, es la satisfacción de descubrir lo que realmente importa, dejando de lado lo superficial. Entrar en una mente inteligente emocionalmente, significa que en esta aventura humana, hemos logrado experiencias que transforman los viejos hábitos.

Si analizamos, todos somos en esta sociedad, consumidores esforzados de toda clase de modas, tendencias e ilusiones de felicidad. Tenemos la creencia, a veces generalizada de que lo que hay en nuestro mapa mental es lo mejor, sin darnos cuenta de que existen otras posibilidades.

La escucha interna que nos proporciona, por ejemplo: el yoga, la autohipnosis, los fosfenos, el Zazen o simplemente, una melodía, la visión de una obra de arte, la lectura profunda y la reflexión atinada, nos encamina hacia la plenitud del instante presente, al manejo de nuestras emociones.

Creernos en la cima del mundo, para más tarde precipitarnos en el fondo del pozo, tiene poco de útil.

¿Podemos llegar a lograr lo que nos propongamos? Es esta una pregunta para vivir en un entorno como verdaderamente nos gustaría, sin distorsiones, ni juicios erróneos. La conciencia de ser, desde las metas más cotidianas, hasta las más extraordinarias.

Concebir a diario un estado de silencio interior y manejar el pensamiento para poder mostrarlo en cada acción que emprendemos, nos libra de la jaula mental. Ser capaces de llevar a cabo la transformación de un ser ordinario a uno extraordinario es pura y consciente magia.

Justamente esa es la misión. Las vicisitudes que produce esta transformación como efectos secundarios, son apenas una molestia en el descubrimiento de un estado realmente extraordinario: la libertad de ser yo mismo.

 

Ingeniería Emocional. Atraemos lo que nos pasa

¿Atraemos lo que nos pasa en nuestra vida?

¿Vivimos angustiados por pensamientos y situaciones que en la mayoría de los casos son proyecciones de nuestros miedos, creencias y hábitos?

Siempre que buscamos sensaciones placenteras como dejarme llevar por mi desánimo y estar en la cama hasta las tantas, atiborrarse de chocolate, no ir a una cita con un chico por miedo a que no salga bien, es una parte limitante de mi PENSAMIENTO.

La confianza para superar las heridas del pasado y establecerse en el presente mantiene la mente activa y despejada. La forma en que nos enfrentamos a la vida cambia nuestra experiencia ante las emociones.

La mecánica cuántica nos dice que antes de elegir, nos demos cuenta que en ese momento presente disponemos de todas las posibilidades para que nuestra mente materialice acciones distintas. Pues no hay tu tía, hemos de repetir de forma angustiosa el mismo cantar cada día.

La neurociencia nos habla muy clarito. Cuanto más experimentamos una emoción en particular (ira, vergüenza) más receptores desarrollamos para esa emoción en nuestras células. Dicho de otro modo, mis pensamientos y emociones (ira, vergüenza, miedo) se transforman en señales químicas que me llevan sin remedio a vivir o recordar esas agobiantes experiencias.

Tenemos sustancias químicas para cada una de las emociones que nos están influyendo en el momento presente, incluso cuando estamos en la fase REM del sueño también segregamos los poderosos neuropéptidos. Por ejemplo, la serotonina que se segrega en los núcleos del tronco encefálico, se proyecta y actúa en la médula como inhibidor de las vías del dolor, además de controlar el estado de ánimo.

Lo importante es cómo interpretamos lo que nos pasa. De ahí que los estados de ánimo están en comunicación directa con mi emoción y química interna.

La actitud con la que nos dirigimos es más poderosa de lo que creemos. Nosotros permitimos a nuestro cerebro ciertas aptitudes y nos conectamos a creencias que sólo son reales para nosotros.

La clave está en manejar el pensamiento con soltura y buen humor. La consecuencia directa de tener una emoción, que ya sabemos genera un torrente de neuropéptidos, ha de ser una situación emocional estable. Es precisamente ahí, donde creamos una jaula mental o un lugar de libertad emocional.

El sentirnos agusto con las emociones que generamos a diario es la decisión más inteligente que tomamos en nuestra vida.

He fracasado, he caído, más he aceptado equivocarme y verlo como normalito, así el exceso de agobio y crítica, se desvanecen.

Deja tu mente en paz.

Cualquiera puede perder el control. Lo complicado es mantener la emoción adecuada en el momento justo y con la intensidad oportuna. Veo con satisfacción que cada vez vez somos más las personas que estamos convencidos, que las emociones influyen de forma intensa en nuestra vida, nuestro pensamiento, sistema inmunitario y comportamiento.

La emoción tiene que ser expresada siempre, por la vía que mejor se canalice, sino generamos un círculo de pensamientos, que nos arrastra hacia una versión agobiante. La mente se nos nubla, entramos en un bucle negativo. Exceso de cortisol, ansiedad, nerviosismo. La inteligencia emocional, nos libera de la tendencia a ser llevados por la tensión del momento. 

¿Qué genera en mi comportamiento y en mi cuerpo? Nos volvemos vulnerables. Hemos de volver a nuestras vitaminas emocionales. No permito que las emociones entren en mi mente sin mi consentimiento. Quiero la mente despejada.

Escucha y escucha bien. Expresa tu emoción, expresa cómo te sientes, antes de actuar desde la emoción. Sino eres capaz de sacarte de encima la emoción, lo más habitual es acusar o echar la culpa a los otros, juzgarles sin sentido. La capacidad de ponernos en el lugar del otro y poder sacar las emociones con asertividad, calma y desde el corazón.

Reconocer las emociones de los demás es un signo de que estamos cerca de entenderles. Saber cómo dejar la importancia personal de lado, observar que los actos fallidos de los demás tienen una emoción gestionada de forma inadecuada, como nos ha ocurrido a nosotros antes, es altamente liberador.

Un ejemplo. Si mi hermano me ha dicho después de pelearnos: Eres una falsa y una inútil. Entiendo que eso es su forma de comportarse desde una emoción que no está bien gestionada y en el fondo lo que me está queriendo decir es: Nunca me ayudas cuando lo necesito. Vete a la mierda. Cuando discutimos con una persona cercana a nosotros, tenemos dos opciones seguir pelearnos o reconocer lo que le está pasando. Esa es la habilidad de conocer el fondo y la reacción de esa emoción.

Así ampliamos la conciencia, cuando he conseguido no ser dominado por esa emoción. Saber descargar la emoción, sin que influya en mi sistema.

La alegría de ser útil, de ver como cada vez más gente se convierte en grandes catalizadores emocionales. Comprende que te dice tu emoción, desde la calma.