Las mujeres

Estuve en el pueblo, charlando con las personas mayores que resisten por allí.

La mayoría mujeres, por no decir todas. Ninguna tenía las manos finas, más bien retorcidas y algunas doloridas, para eso les dejé unos remedios. Lo primero que recuerdan es el frío, los trabajos múltiples que desempeñaban, el cuidado de la casa, la comida, huerta, los animales si había, que solía haber. Las fiestas, la siega, los bailes, los novios, las bodas.

Demetria fue la primera en abrir fuego, dijo: ¡Anda! ¡Y el marido!, que a mí me dio mucho guerra. También había que atenderlo.

En todos los sentidos- apostilló Beatriz. Risa general.

Y los hijos, que además yo tuve 7 hijos, tres chicas y cuatro chicos. No los cuidamos como hoy, que se protegen mucho, pero se peleó mucho por ellos.

La tía Piedad, la mayor, agregó: Hoy no trabajáis ni la mitad de lo que trabajamos nosotras. Hoy tenéis de todo, máquinas, mejores herramientas, ayudas para hijos, actividades y libertad que no tuvimos nosotras, por decir algo.

La verdad, les dije: Sois fenomenales, estáis hechas de otra madera. No sé cómo lo hicisteis para sacar todo adelante.

Se formó un gallinero con historias multicolores.

Una pregunta sencilla les dije: ¿Os gustaría volver a ser mujeres, si nacierais de nuevo? La mayor tiene 91 años y la más pequeña 78 años.

Todas asintieron. Les gustaría volver a ser mujeres de nuevo, con lo que saben hoy. Verlas reír juntas, es un acontecimiento.

Mujeres que salen con chándal, cómodas y tranquilas a la calle un domingo, sin una gota de maquillaje en el rostro. Mujeres elegantes, más libres de lo que creen.
Una mujer bella no es la más joven, ni la más delgada, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo.
Es aquella que con tan sólo una abierta sonrisa, una simple caricia y una buena reflexión puede alegrarte.
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni cargos académicos. Es la que vibra con su titulación de buena persona con todo lo que tiene a su alcance.
Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza; es aquella mujer con carácter que sabe lo que quiere.
Y un hombre elegante en espíritu es aquel que valora, que se siente orgulloso de tenerla como compañera, trabajadora, amiga, madre, esposa. Que sabe tocar su corazón con delicadeza.
Que lucha a su lado compartiendo todo, desde tender la ropa, hasta devolverle los cuidados que ella le prodigó antes. ¡Qué tontos somos cuando valoramos sólo la vistosidad! 

Buscamos fuera de nosotros, sin darnos cuenta, lo que somos dentro.

Lo dicho, las mujeres, sobre todo las de antes, a mi me tienen como aliado permanente, por su valentía, constancia y enorme corazón. Si hay un sinónimo para las mujeres es ese: Gran Corazón.