Simpático versus Parasimpático

El sistema nervioso autónomo o neurovegetativo, es el responsable del control involuntario de las funciones viscerales y glandulares, es decir, es un piloto automático que nos certifica el buen funcionamiento del sistema, sin que ninguno de nosotros tenga que hacer nada en especial, una maravilla, de la que sin embargo, apenas nos damos cuenta. Está dividido en dos partes la toracolumbar o simpática y la craneosacra o parasimpática.

La acción simpática se encarga de gestionar el tejido muscular liso, por ejemplo, el tejido que envuelve el estómago, el intestino o las arterias, también el músculo cardiaco y las glándulas del organismo. Se activa en casi todas las acciones de estrés, huida-escape, emergencia, actividad física. En cambio, la actividad parasimpática está encaminada a provocar y mantener un estado de relajación, descanso y sosiego, en estos mismos tejidos, para realizar acciones claves como la digestión o la actividad sexual; se encarga por tanto del restablecimiento de la energía corporal después, del ejercicio. Son antagónicos, mientras uno acelera una actividad, el otro la relaja.

Para establecer sus funciones con equilibrio pongamos un ejemplo. Si paseamos por la noche a solas y escuchamos un sonido amenazador, nuestro corazón acelera los latidos e impulsa más sangre, se dilatan las paredes de los bronquios, aparece un efecto vasoconstrictor en los vasos sanguíneos, hay una erección del pelo del cuerpo, se dilatan las pupilas para que entre más luz, las glándulas sudoríparas estimulan su secreción, los esfínteres se contraen para salir pitando y el riñón segrega cortisol, por si tenemos que saltar el arroyo y la valla que hay al lado. Toda la respuesta simpática en marcha. Pero, antes de empezar a huir o enfrentarnos con alguien, observamos que es nuestro amigo el simpático o gracioso.  ¡BUFF!

Todo el sistema se recompone, activándose la respuesta parasimpática, aún con temblor de piernas,  se contrae la pupila, el corazón, los vasos sanguíneos y los bronquios se relajan, dejamos de sudar,  los pelos de punta se calman al igual que los esfínteres y los músculos, finalmente los riñones desactivan la secreción de cortisol, la hormona del estrés. Ahora si, caminamos sosegados, riendo entre comillas la gracia y observando sin tensión la poca luz que refleja la luna hoy.

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